Ahora pienso en humedecer tus labios, ahora a estas alturas de la desvelada noche que me resulta fácil en confiar que el lacónico escenario íntimo entregue lo que somos, en lo que seremos.
Visualizo a corta distancia los poros impolutos y bastante abiertos ya para una niña silenciosa que se negó a ser pusilánime, pero que en la

Pido sigilosamente confianza, intercambio apenas un sentir, uno entre muchos, muchos de sentir.
Cambio el tono medular del susurro cómplice, tratando de perpetrar el andar laberíntico de tu piel.
¡Vaya tarea bien sensata!.
Sí, me cuadra.
Cuál manzana y limpia fruta de obsesiones punitivas, creo que debería de decírtelo claramente, de dejar las divagaciones confusas e insolutas. Total, escena de escoltes retraídos, hemos caído hondo por un torrente inclasificable, cuando me dejas ver las pecas sinuosas e inductivas.
Sólo abro los ojos, miro unas ramas añosas que hacen el silencio.
Saco cálculos inútiles.
Y sólo veo mis miradas circulares en ese espejo vivo que clama algo, que confundo sus tonos, pero me esmero en decodificar.
Me rasguñas, me duele y callo.
Pides que juguemos, sedes y entregas... Tientas y vuelves a dar.
Caes en tus ojos grandilocuentes, vuelves a confundirte.
Una para ti, es sensiblera de razones justas.
Y pa’ variar: Lo críptico rodea tu entrepierna que no es fácil de atesorar.
Bajo esas líneas rojas que parpadea en tus labios, hay un mensaje implícito que quiero saber.
Mientras el viento corre la tela azulina de mí ya oscura ventana, me vengo a percatar que se me escapa otro día más. Qué la poetiza responde a su manera, qué la cortina aunque vuelva a su lugar de origen me avisará nuevamente.
Y otra vez.
Y una vez más, al metro cuadrado.