
Creo en las sincronías mágicas y cuando vivo una, me gusta dejarlas por escrito para ver si tienen más asidero con la realidad.
Cuento corto: No sé porque agarro imperiosamente el libro que reúne un cúmulo de crónicas y artículos plagados de vivencias demasiadas viscerales, titulado "Memorabilia de Filebo", en el cual se apacigua en el uso esplendoroso del lenguaje español el periodista chileno Luis Sánchez Latorre.
Por supuesto, recaigo en las extensas líneas que dedica a la figura de Enrique Lihn y a todo ese entorno poético/mágico de la obstinada y productiva generación literaria del ‘50.
Reparo en mucho de los detalles, en las formas que las palabras dejan caer su sonoridad sumada al modo de exponerlas por Sánchez Latorre. Y es natural, que mi dejo de abrumadora envidia brille porque resulta complejo reunir dichas anécdotas y materializarlas verbalmente con esa distinguida impronta.
Cuento más que corto: termina la semana antepasada y recién me enteró que Luis Sánchez Latorre nos deja. Es decir, cuelga sus constantes historias que trasmitía el anhelo incalculable de quien se realiza simplemente en el acto incorregible de escribir por escribir.
Mejor dicho, no nos deja definitivamente, sólo se da un momento más introspectivo de inflexión para seguir escribiendo.
¡Que no paren las prensas!...
Es que nuestro amigo Filebo, ahora desde instancias aún más insensatas y desconocidas, tiene que seguir redactando sus contundentes textos de toda una vida, e incluso de la posteridad de ella misma.
(... ¿Se podrá?, dijo el incrédulo).