Portishead, "Hunter"
miércoles, abril 23, 2008
jueves, abril 03, 2008

Hay lugares en donde las melodías nos permiten trasportarnos a otras épocas. Texturas musicales que sirven de vía comunicante hacia foráneas latitudes, a momentos que suelen significarnos como añoranzas de algo que hemos vivido. Pero, que en términos más racionales no lo hemos vivido. Eso, en el ahora más próximo.
Seis a la Dixie es una excusa perfecta para que un grupo de formales y experimentados músicos nacionales, dejen plasmado en el escenario parte de sus cuantiosas historias que se han entrelazos en torno al Jazz.
Con sus alegres y festivos ritmos, en contraste con otros más acompasados, pasan una personalísima revista a aquellos artistas esenciales del género. Sin dejar de lado esa cuota de sano humor que se produce con su cómplice público.
Eso, ya que hasta el espectador más despistado e ignorante siente que frente a sus ojos está el espíritu de quienes vibran verdaderamente con lo elegido a ejecutar, a perpetuar, a proyectar en su sintonía propia y personalísima.
Y eso, sinceramente da envidia. Una que puede ser clasificada como políticamente correcta o sana. Sin embargo, sigue teniendo esos tintes de descarriada admiración y codicioso anhelo por saber el cómo y cuando se concretó el extenso proceso de reconocimiento íntimo hacia instrumentos tan alucinantes como resulta sonar el clarinete, por ejemplo.
En su hábitat natural, es recomendable de escuchar a Seis a la Dixie en un lugar hecho a la medida: el histórico Club de Jazz en Santiago.
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