Carretera Ocultista
Fred Madison es un introspectivo interprete de Jazz que vive con Renee, su mujer, de quién sospecha le es infiel. Esta primaria estructura dramática, tan común cómo rutinaria, puede ser decodificada en los extremos más inverosímiles y laberínticos en el perturbador cine de David Lynch.
Cintas de videos intimidatorias que llegan al domicilio de esta lejana pareja evidenciando el preocupante aumento en el
grado de violación a su intimidad, una relación autista entres dos personajes silenciosos y la locura extrema que está esperando a la vuelta de la esquina al desconfiado músico, detonan el placer del lenguaje audiovisual en la amplitud de sus planteamientos. Con planos inquisidores que dicen mucho más que cualquier logrado diálogo o el malicioso cercenamiento de varias escenas en el montaje final, “Lost Highway” late entre los desiguales mundos de la esquizofrenia irreal.
Pero dejando de lado cualquier análisis detallista y haciendo alusión a los siempre controversiales listados con las escenas cinematográficas más terroríficas, aprovecho de presentales una de mis preferidas.
Después que Fred (Bill Pullman) sigue recordando insistentemente el llamado de la voz desconocida al interlocutor de su domicilio asegurando que “Dick Laurent está muerto” y ver en la lacónica Renee (Patricia Arquette) la traición femenina hecha objeto, en una fiesta cargadas de “gustillos colorinches” ocurre lo insólito. O quizás es el primer indicio del delirante actuar que vendrá y la dualidad espeluznante que cohabita en una película cargada de encrucijadas desconocidas.
Mientras Fred bebe a disgusto una copa en la barra, un hombre de aspecto extraño se para frente a él. Lo que sigue, es uno de las conversaciones más delirantes del cine contemporáneo: 
- ¿Nos conocemos, verdad?. (Pregunta el extraño, interpretado por Robert Blake quién en los setentas encarnará al popular “Baretta” y que fuese imputado por el asesinato de su esposa, en Mayo de 2001. Acusación de la cuál, finalmente, resultó absuelto).
- No lo creo. ¿Dónde cree que fue?. Responde Fred.
- En tu casa. ¿No recuerdas?.
- No, claro que no. ¿Está seguro?.
- Claro, de hecho, estoy ahí ahora mismo.
- Qué quiere decir. ¿Dónde está ahora?
- En tu casa.
- Eso es absurdo.
- Llámame. (Pasándole un teléfono celular al confundido Fred, el misterioso hombre lo desafía. Así, sin mediar reflexión alguna, el músico se comunica hacia su casa, respondiéndole la voz del engendro que está al frente suyo).
- Te dije que estaba ahí. (Le insiste burlescamente el hombre misterioso).
- ¿Cómo ha hecho esto?.
- Pregúntamelo. (Le responde mostrando el teléfono)
- ¿Cómo ha entrado a mi casa?
- Me invitaste. No es mi costumbre presentarme dónde no he sido requerido. 
Fred está perplejo y el hombre misterioso se retira, victorioso y sereno, perdiéndose en la concurrencia de la fiesta.
¿Es “Lost Highway” una representación surrealista de las voces más torcidas que provienen de nuestros miedos mejores guardados? O simplemente, una jugarreta antojadiza de un director empantanado en su auto referente imaginario cinematográfico, que ha parido la producción más sin sentido que se tenga memoria.
De esas y otras materias, incluyendo la documentada perspectiva a toda la
filmografía de David Lynch, trata el extenso libro “Claroscuro Americano”, escrito por el periodista español, Andrés Hispano. (Ediciones Glénat. Barcelona, 1998. 344 páginas).
Capítulos en donde se desmenuza las motivaciones y contextos, por las cuales debieron de pasar películas tan decidoras como: “Blue Velvet” o “Twin Peaks”.
No sólo recomendable para los amantes de este controvertido cineasta, sino también para quienes les prenden velitas a los misterios más conmovedores.
Disco tomía
En cada milimétrico trazo que lanzaba, sin razonar como debía, ocultándose en el discurso del no existir. Cada cuál hacía lo suyo y mientras él estaba dibujando ese lejano contorno femenino, se sentía cálido.
(Sin respuestas, menos salidas).
No sabía quién era, menos si en aquella enorme ciudad pasada a humo existiese. Por momento, el rostro húmedo y agobiante de tranquilidad austera quería tomar vida propia. Y este seducido espectador, garante de sus líneas sutiles, sonreía maliciosamente.
Porque de andar caminando por allí, la niña-mujer silenciosa que se apoderaba del gran escenario blanco debía de probar sus labios acogedores.
Seguro que mordería con pulcritud de literato obsesivo su labio inferior. Seguro que
tentaría para el poquito más, dejando aquel gustito a poco.
En cada imaginativo espacio de la habitación ubicada en el no sé dónde, sonaba con el volumen calmo el disco del Beatle de los cachetes rellenos, cómo acostumbraba a llamarlo su madre.
“London Town”, una vieja producción que fue titulada por muchos en la mediocridad incomprendida, yacía al cantito somnífero de la creación tildada de “ella”. Mientras afinaba su nariz o esquizofrénicamente pensaba en que tenía un carácter fuerte y voz leve, también fantaseaba sin frenos esquemáticos.
Era el estudiante ensimismado, dibujando frente a la manzana verde sin terminar.
Fue la cara perdida e insólita, diluía en los compases de una agrupación que estaba por desaparecer, cargando los fantasmitas rotundos de otro cuarteto aún más decidor.
Estaba el sosiego desterrante de un disco abortado en su forma y “I'm Carrying”, el tema sacado de una por Paul, acompañándose de la estremecedora guitarra acústica.
Concluía que su idealizada obsesión del que pretende crear y hace nata en el intento, puede ser más satisfactoria por la sintonía fina del intimismo singular.El no entendía el porqué de la aparición de ese rostro desconocido en la hoja, menos si su actuar debía ser causa de preocupación terapéutica y cómo muchos periodistas fanfarrones lanzaban tantas críticas adversas a dicho álbum.
El último tango masivo de Warnken
Desde que empecé a ubicar la llamativa figura en los medios de Cristián Warnken, en un novedoso proyecto radial que conjugaba ángeles poéticos al alero de la antigua Radio Concierto, sus pasos comunicacionales me resultaron muy necesarios.
Y escojo precisamente este adjetivo porque en aquella pequeña isla mágica de diálogos hipnotizantes que nutrían varios pasajes del recién cancelado programa televisivo “La Belleza de Pensar”, el impulso descubridor de internarse hacia los lados más insondables del creador nato fueron un paso iniciático demasiado refrescante.
¿Cómo olvidar la divertida conversación que sostuvo con el multidisciplinario artista Alejandro Jodorowsky o la intimidad reflexiva que demostró, en su “primerísima
persona circunstancial”, el novelista barcelonés Enrique Vila-Matas?. O aquella constante vigilia deslumbrada que parecía proyectar al analizar la obra emanada por Rimbaud y sus constantes citas sobre el poemario recurrente del inquisitivo Enrique Lihn.
Por eso y con el mal sabor momentáneo del alejamiento de Warnken de la “exposición masiva”, ya que también su espacio radial no continuó este año, los hipócritas lectores- que él siempre tanto aludía- deberían de lanzar su repudio al unísono.
Sin más ahínco que seguir escuchando una epifanía húmeda y alusiva a ferrocarriles nostálgicos, en las líneas de Jorge Teillier que acostumbra a leer, habrá que hacerse sentir. De
una forma sutil, algo volátil, con sutilezas de las líneas mejores concebidas.
Quizás si me lo topara cerca del Parque Forestal, indómito frente a ese libro embriagador que es atesorado por el propio Warnken en su “reducto” amable llamado Café Mosqueto, me sentiría llamado a hablarle. El comentario atingente o, mejor dicho, la excusa perfecta vendría siendo la razón del término de su relación contractual con la televisiva estación católica. Eso si es que su cara no denota concentración acérrima al leer sus hojas del momento, de la misma forma que lo expresaba cuándo “entrevistaba” a los alienantes personajes que él divulgaba.
El Hombre Que Alucinaba Demasiado...
Hablar de Timothy Leary es intentar dar más de una vuelta a las diferentes búsquedas espirituales y psicológicas que puede llegar a albergar la heterogénea conducta humana. Y aunque la frase anterior resulte rimbombante, bastaría con interiorizarse en los vistosos pasajes biográficos de este experimental psicólogo estadounidense, para entender que su labor pasó por merodear en los diversos estados alucinógenos de aquellas drogas contingentes, proliferadas a los cuatro vientos, en los sesentas.
En su momento, Leary era un respetado académico de Harvard que no imaginaba los resultados de sus “resplandecientes” juntas con el poeta “Beat”, Alan Ginsberg. Ni menos que obsesionarse en estudiar empíricamente la LSD, sustancia utilizada en su origen en tratamientos de pacientes alcohólicos, marcaría sus adictivos pasos y su exclusión de los tradicionales círculos intelectuales. Pero, poco o nada pareció importarle eso.
Sus ganas de comprobar que los efectos positivos en el ámbito creativo que producía las drogas psicodélicas, además de creer fervientemente en evadirse del entorno belicista- reinante en la bipolaridad ideológica absoluta de la “Guerra Fría”- detonaron su disonante actuar.
Leary, quién en sus últimos meses consumía un condimentado cocktail de estupefacientes, recomendaba el ritual introspectivo máximo leyendo la reconocida prosa de otro clásico escritor sedicioso, como lo fue Hermann Hesse.
“Hesse es el maestro de la vivencia psicodélica y su aplicación. Antes de una sesión de LSD, deberían leer “Siddharta” o el “El Lobo Estepario”, una lección impagable de sórdida eyaculación literaria”,
aseguraba.
A propósito de los comienzos estudiantiles del aterrador mes de Marzo: ¿Se imaginan que frente a vuestros ojos de mechones desorientados, en la respetada aula del saber, aparezca muy suelto de cuerpo un profesor de la talla del virulento Timothy Leary, lanzando sus más viscerales planteamientos?.
No, creo que sería muscho...
///Mi Copiloto Gabriel///
Por esas circunstancias impensadas, últimamente he tenido que efectuar varios breves viajes automovilísticos, de algo más de 120 kilómetros. Y con el insistente entorno del abúlico paisaje, que a estas alturas resulta bastante rutinario, un viejo álbum setentero ha retumbado fuerte en mis antojadizos tímpanos. Fiel a su estampa del acompañante auditivo idealizado, un músico reconocido por muchos gracias a sus publicitadas acciones sociales y reconocidos singles radiales, lanza sus experimentales melodías, entre los dos lamentables peajes que se deben cancelar.
Es el mismísimo Peter Gabriel más chascón que intentan pegar el “rasguño” inquietante desde la carátula, en aquella versión remozada de 1978, post salida abrupta de los entonces teatrales Genesis. Son las motivaciones de un compositor ya empantanado en el avasallador éxito comercial del otrora quinteto inglés, obsesionado más allá de las comentadas actuaciones dramáticas que lo cobijaban en el escenario, en las sietes producciones musicales alcanzadas con sus prolíferos amigotes del Rock Progresivo.
Eran años donde Gabriel cantaba sobre el cómo formar un hogar dulce con aquella muchacha mágica y sus perspectivas giraban en torno a la colorida escena que decía contemplar. Todo esto en sus primeras aventuras artísticas en solitario que, para el dolor de cabeza de su sello, no tenían título y solamente eran distinguidas por el diseño gráfico.
Gotitas siempre difusas del Avant-Garde menos críptico, conceptuadas en once tracks que tranquilizan a cualquier solitario conductor.
Iggy Pop y El Constante Presente Continuo Del Que Nace Iguana, Muere RockeandoTras un par de cambios internos en la formación original de los caóticos The Stooges, el escaso apoyo masivo recibido en su momento por el antecesor álbum "Fun House" y la abrupta salida del sello Electra, el futuro musical se veía muy incierto para cuatros alucinógenos espadachines del ensordecedor Rock corrosivo; que se alzaba a principios de los setentas.
Iggy Pop sólo provisto de algunos de sus fantasmagóricas aflicciones que ya provenían por una infancia tímida, escuchando largas jornadas aquellos discos emancipadores de los Doors y gruñendo la voz del que no tiene "nada que perder", construyó un álbum lanzado sin piedad, a la yugular
más conservadora.
"Raw Power" fue el último gemido nihilista de un cuarteto predestinado al sopor eterno, en donde se combinan los tiempos algo más compuestos entregados al interpretar un Bluesy, que está latente en "I Need Somebody". O el tema que da nombre al álbum, el cual desata la contrapartida rabiosa hacia los "bien intencionados" mensajes del hipismo imperante, confirma lo innegable. Sí el propio David Bowie compondría aquella cofradía luminosa, mezclando dicha producción discográfica, el resultado debería ser decidor...
En ese entonces el manual para el aprendiz virginal, heredado del estadounidense concepto sonoro anclado en el "Garage Experimental", tenía una reedición en cada movimiento de la iguana inconformista... Para allá, para acá, a torso desnudo, arropándose al pedestal de un micrófono indefenso, declarándole el sexo melódico más seminal.
Tan obsesivo como locuaz en contenido Iggy Pop, quién continúa deambulando tranquilo bajo el nombre civil de James Newell Osterberg, haría notar la importancia de tragar saliva y proyectar un sonido más allá de sus propias narizotas disonantes.Cómo para tenerlo muy en cuenta...
Hablar Consigo Mismo Estar constantemente en una vigilia eterna que se niega a finalizar. Prolongar aquello que se podría denominar como existencia, para algunos, por vías extremas. Ver pasar la vida, poco a poco, dejándola escapar...
Fue gracias al concepto desarrollado por Jennett y Plum que, en 1972, nació la nomenclatura científica de "Estado Vegetativo Persistente", (EVP). Este concepto, que es definido como la pérdida total de la conciencia del individuo con su entorno
y la incapacidad para interactuar, fue la temática circunstancial que cobijó al aplaudido director Pedro Almodóvar, en su película "Hable con Ella".
Pese a lo lejano que resultan los pasajes cinematográficos tan dispares con las situaciones reales de quienes sufren esta traumática experiencia, el trasfondo planteado por los diálogos de dos hombres ensimismado frente a lo desconocido son delicadamente llamativos y decidores. 
Benigno es el enfermero que habla intensamente con su añorada y persistente "durmiente". Es el hombre endeble en lo afectivo quién no repara en contradicciones para establecer cualquier idealizado contacto con su cautivante enferma, alentándose a seguir creyendo en la vaga posibilidad que la "ida Alicia" despierte del coma. En cambio, el más racional escritor Marco no puede ni siquiera ayudar a las enfermeras de la clínica "El Bosque", a cambiar de posición a su inconsciente pareja. Menos quiere asimilar que ella está
postrada en cama, después que el toro hiciera sangrienta presencia en una jornada que ya se convirtió, para él, en una pesadilla recurrente.
Una pesadilla proyectada con los colores más espeluznante de la incomunicación que ya hacía mella en la relación de pareja vivida por Marco, con los debidos silencios mutuos del "no entender". Y es en esa encrucijada argumentar que deslumbra tanto a Almodóvar, que la metáfora lapidaria de recobrar aquel sentido del diálogo profundo en cualquier determinante relación, se torna muy crucial.
El Poemario Disonante De Stella Díaz
Esta mujer, ya de avanzada edad, no es la típica abuelita que solicita piadosamente ayuda para cruzar la calle o aquella lanzada a la habitación del olvido familiar, de un asilo para ancianos...
Digna testigo femenina de la visceral generación literaria chilena de los '50, Stella Díaz Varín la misma que viste y calza en esta fotografía, debió haber sido la primera poetiza chilena punkie de tormentos varios, maldita por descarte y con prosa virulenta. Porque gracias al arsenal de palabras críticas, mezclada con los contundentes sorbos creativos que se bebían en torno a las alienantes cofradías artísticas de entonces,
esta serenense declamó pasajes poéticos tan lúcidos y agrios, a la vez.
Pero para que la "majadera primera persona circunstancial" no continúe el afán descriptivo en exceso, fue el propio escritor Enrique Lihn, quién se atrevió a concluir:
"La voz, que quizás se hace oír en versos largos y acumulativos, es imperiosa, arbitraria... Así pues Stella era, es, una tenebrosa cantante desconsolada y también frenética, orgullosa de sus imágenes y negligente con relación al sentido de su canto".
Contertulia eterna del desaparecido café Iris, autora espontánea de la primera expresión artística denominada más tarde como "Happening" por Allan Kaprow, comparada alguna vez con el mismísimo Bukowsky. Eso y otras deidades mágicas, personificó la escritora que insistía en sus líneas con testimoniar algunas ausencias significativas:

Las grandes ausencias amenazan
Cuando los sirlos
Esos bellos pájaros
Emigran
Y la lejanía hiere sus alas
El hombre no lo sabe
Porque duerme
Oculto por causa de la luz
Para no prever la muerte.
Ella Baila SolaA lo lejano, haciendo suya esas capas intangibles de sensibilidad irracional, yacía canturriando al antojo mejor logrado. Yacía cauta, imperecedera. Sus labios pronunciaban algo difuso, queriendo ser visible en los colores vivos de esa ola golpeadora. Sonaba de fondo, muy en el fondo inocuo.
En la profundidades de las tranquilidades propicias y una tarde que se listaba a formular el plácido tuto-guagua, la tecla marcaba los lugares precisos.
Sólo podría precisar que sus guiños melodiosos servían para acurrucarse, tomar iniciativa del "sí, necesito más" y darse unos buenos giros. Todo sobre la marcha, danzando mientras aquellas pequeñas gotitas lluviosas caían sobre mis mejillas.
Valdivia se lucía con su viento sanador y gracias a lo envolvente de la isla bien guardada, llamada Mancera.
Mientras, congruentes en las voces femeninas que recorrían partes milimétricas de ese cuadro, las ganas de despertar eran silenciosas. Pese a que el presente fornido golpeaba parte de ese entonces, los desagrados dormían para el eterno después.
Elizabeth Fraser seguía delineando delicadamente sus compases. Se hacía toda juguetona, moviendose de un lado hacia otro, para allá, para acá. Y el ejercicio indicado de seguir con los ojos cerrados, era de obviedad absoluta.
Dandose vuelta, tomándola de la cintura, sintiendo su aroma del atardecer, susurrándose letras inconducentes, sintiendose inocente, sintiendose un endeble "rey feo de colegio en la básica", bailando el vals improvisto o natural, en sus manos breves de gelatinas. No queriendo despertar jamás, ni tener que recorrer los más de ochocientos kilómetros que me devolvían al aquí consciente.
Porque sus dubitativas imágenes, dulzonas y entonadas con chocolate caliente, me
instalaban en lo otro. En lo otro, verbalizado en el paralelismo que es difícil de detallar e inalcanzable al vistazo general.
Una vez que llegué al destino acostumbrado, me obsesioné urguetiando en disquerias afines.
Por largos meses, derivados en secuenciales años, estuvieron y estarán allí.
Aunque parezca injustificable o apelable al antojadizo sentir mañoso, en Valdivia, cerquita de Niebla, debería de existir una escondida calle, bajo el nombre de Cocteau Twins.
Enrique Lihn al Pizarrón
¿Quién anda por allí?: Parlante inusitado de la nada unipersonal, de talante inquisitivo y mirada allanadora... Sin rodeos narrativos que estén insanos y demás abúlicos artilugios estilísticos, Enrique Lihn es aquella voz interna, reveladora de los cortocircuitos que nos depara nuestro traicionero inconsciente, con olor a somnolencia...
¿Cómo sintonizarlo?: Al parecer, parte de la esencia antes descrita han motivado para que la Editorial Diego Portales se lance al ruedo y nuevamente publique algunos pasajes de la obra de Lihn. Sí en su momento el turno fue asumido por "La pieza oscura", ahora revive un libro conceptualmente inédito, titulado "Nota Estridente", el cual cuenta con el epílogo de Matías Ayala.
¿Qué se debería de murmullar?: Este poemario, en su origen, fue enviado a un concurso
literario a fines de los sesentas, por el propio autor. Lamentablemente no tuvo nunca el merecido reconocimiento pasando desapercibido, pero algunos de sus pasajes fueron publicados en diversos diarios y revistas. Hasta que el afán del rescate bien entendido, lo ha vuelto a enarbolar.
¿Aunque usted no lo crea?: Debido a la profundidad grave de su vocalización, Enrique Lihn fue voz publicitaria y de continuidad en la desaparecida Radio Mineria, ganandose así aquella "platita poca, pero segura". Además, efectuó un inusual comentario literario en otra señal ya fallecida de televisión, perteneciente a la Universidad de Chile.
Duales
No podría precisar que estaba pensando en ese minuto, ni lo pedante que parecía ser mi postura. Tampoco porque debí de estar allí. Fue en el majadero ejercicio de arrugar servilletas que ellos aparecieron, alucinando el lugar tan público y concurrido.
En el local que solía ocurrir lo rutinario, reducto del paisaje veraniego y algo insistente, dos risotadas alargadas se encontraban. Dos que se prestaban coincidencias, repitiendo los compases más locuaces de un tiempo pendiente, siendo digno del paréntesis que caía sin goteos plásticos.
Eran devenires de códigos intachables, una ausencia sólo de estar, sin concluir en la sunción e hipnotismos del ser pequeño que solamente quería contar historias. Así, sentado en la silla respectiva, él empezó a enumerar sus frescas vivencias.
Desde el púlpito impensado, como siendo el inconsciente espectador, yo no sabía que hacer. No sé sí las imágenes que vinieron fueron muy repentinas o las ganas de anclarme en la situación eran contundentes. Tan hilarante era la presencia de esos dos espíritus cómplices, que las ganas de diluirme en los dobleces de las famosas servilletas, ya me resultaban espantosas y superficiales.
Era el ambiente contagioso, los cantos que disfrutaba un niño despierto, las evidentes sensibilidades que ponían la piel de gallina, porque debía de ser así.
¡Todo eso y yo, desprovisto de las palabras que me cobijan!.
Porque para que estamos con cosas, yo me veía incapacitado de capturar esos diálogos secretos, esas miradas que cuajaban suavemente, aquellos tonos del reencuentro propicio y las válvulas
que cedían.
Yo, desprovisto del terrible escritor por casualidad, estaba al borde de la cancha. Yo, quién creía vestirme de las metáforas más refinadas, me encontraba torpe. Yo, grandilocuente a la hora de lanzar sentencias agrietadas, me desesperaba al ver el correr del reloj.
Ellos, susurrándose alegría por los poros y haciendose pares, me remecieron por completo. Creo, no estoy seguro, que el padre insistía que el pequeño era "de acción". Que esa simple oración sin racionalidad, significaba la delimitación de sus propios desafíos tempraneros.
¿Era "de acción"?. ¿Era un encuentro que marcaba continuidad, diciéndose mutuamente "cuando nuestros extremos quieran"?. ¿Era que sí o el manoseo a las servilletas traslucías las primeras consecuencias alucinógenas?.
Cuando atiné a reaccionar, la jovencita del delantal me preguntó protocolarmente si seguiría consumiendo algo.
Entrevista de Selección
Rolando Ramos, Director de Radio Futuro:
"Esta música, puede ser sólo interpretada por alguien que lo sienta de verdad"
Dentro del circuito musical chileno, el comunicador Rolando Ramos ocupa un lugar privilegiado. Siempre asociado a divulgar tendencias artísticas marginales, no duda en enfrentar las adversidades del ambicioso proyecto comunicacional, que encabeza actualmente.La combativa expresión punk, los bizarros sonidos industriales y el depresivo espíritu dark motivan su convulsiva melomanía. Aunque, aclara, desde adolescente se interesó por diversos emblemas del Rock & Roll. Con alegría recuerda, la primera vez que escuchó a Grand Funk: "Debió haber sido a los catorce años, por medio de un primo. Todos esos sonidos resultaban nuevos y curiosos para mí".Fue así, con el trascurso del tiempo, que comenzó a comprar vinilos en un
pequeño local del barrio Franklin: "Yo vivía cerca y me nutría de aquellas tiendas. Lo que se generaba allí era mi mundo, porque no conocía Providencia". Black Sabbath y Jimmy Hendrix se convirtieron, progresivamente, en dos trascendentales experiencias: "Tengo aún esa sensación de descubrir otro idioma. Escuchaba estas estructuras y no cuadraban en mi mente, pero me atraían". Al comenzar la década de los ochenta, Ramos frecuentó la disquería "Circus". Gracias a catálogos más especializados, pudo satisfacer las eclécticas predilecciones musicales, dominando un universo mayor de agrupaciones. Finalizando los estudios superiores, el inquieto egresado decidió emigrar a tierras madrileñas: "En Europa estaba muy fuerte el New Wave. Sin embargo, me identificaba más con el Punk. Una vez, acompañando a una polola, vi en vivo a Depeche Mode. Después, con distancia, presencie un concierto de Siouxsie". En sus visitas esporádicas a nuestro país, por el año 1982, debutó frente al micrófono radial. El innovador
programa, "Melodías Subterráneas", familiarizó a los inquietos receptores con vanguardistas estilos foráneos. La historia posterior es relativamente conocida. Rostro de los espacios televisivos: "Rebelde con causa", "Ritmo de la noche", "Lee Night" y "Viva la revolution". Pero, la lúgubre "Alcantarilla gaseosa" de radio Rock & Pop sirvió de soporte adecuado, para difundir el singular paladar auditivo del locutor.
Entre reuniones ejecutivas y el diario afán investigativo, "El Rolo" como lo llaman sus amigos, nos atiende. Y reflexiona...-Tu acercamiento a la cultura gótica. ¿Con qué hecho comienza?En el extranjero, escuchaba a Parálisis Permanente y todo el Hardcore más siniestro. En forma natural, empecé a disfrutar esta derivación más oscura, con la apuesta del sello 4 AD, por el año 1987. Después, una amiga me facilitó el álbum "Atrocities" de Christian Death, lo que destrozó mi oído.
-¿Piensas que quienes escuchan música oscura, tienen ciertos componentes depresivos en su personalidad? ¿De algún modo, puede servir para volcar lo que sentimos al exterior?Sí, existe una fibra de fatalidad que motiva y se trasforma en una verdadera catarsis. En lo personal, he vivido experiencias extrañas con personas que visitan mi hogar. Ellos se impactan, porque me agrada un entorno oscuro, con elementos asimilables a la muerte. Y eso llama la atención.
-A raíz de un hecho noticioso, hace un tiempo, los medios de comunicación chilenos trataron el tema del concepto gótico. ¿No quedaste con la sensación que caricaturizaron el movimiento?Por supuesto. (Responde con firmeza) Aunque, en Estados Unidos, London After Midnight sufrió algo similar con el Canal E!. Esta música, tan intimista, puede ser sólo interpretada por alguien que lo siente de verdad. Sin duda, los artículos deben ser redactados por periodistas o comunicadores sensibles al tema. A lo mejor, en otras áreas del Rock no es necesario ser tan vivencial. A raíz de esa situación, no estoy dando muchas entrevistas.Lamentablemente, los editores distorsionan todo dándole un giro sensacionalista.
-Los crípticos Death In June son acusados, con frecuencia, por popularizar mensajes nazistas. Pese a que las figuras empleadas por el Nacional Socialismo tienen otros orígenes. ¿Qué piensas de esa afirmación?. ¿Quizás es una facilista postura de la prensa sensacionalista europea?Los isótopos, diseños y carátulas pueden confundir hacia esa dirección en Death In June.
Ahora, de fondo existe un mensaje muy pacífico que contrasta. Y es lo que se debe descubrir. Es muy fácil dejarse llevar por la imagen superficial. Resulta lo más cómodo. Hay que informarse primero y después opinar. De lo contrario, es preferible quedarse callado.
-Anna Varney de Sopor Aeternus es un personaje, en extremo, solitario. Su particular actitud vivencial se argumenta desde: No efectuar conciertos "para humanos", hasta asegurar la cercana convivencia con los espíritus. ¿Será una postura honesta o un aprendido discurso mediático?Todo puede ser. En esto no se debe generalizar, menos sin conocerlo. De alguna forma, sintonizo con la obra mágica que proyecta. No podría asegurar hasta que punto, la
influencia de un sello pueda trascender en él. Hace un tiempo, con la visita de London After Midnight aproveche de hablar con ellos, porque conocen a Varney en persona y me comentaron que es muy simple. No le agrada las entrevistas, por lo cual selecciona con quién habla, a través de rigurosos cuestionarios. Lo que me parece muy respetable.
-Tengo entendido que fuiste un gran seguidor de la carrera musical de Rozz Williams. ¿Cómo te afecto su trágica partida?Muy de cerca... (Medita unos segundos) Creo que sus amigos y el entorno más cercano, de alguna forma, lo abandonó. Eso, era proyectable. La propia Eva O, (Quien fuera esposa del músico y fundadora del trío Super Heroines e integrante de Shadow Project) se convirtió al cristianismo, alejándose sensiblemente de Rozz. Incluso, después de entrevistarlo por teléfono para la "Alcantarilla", hablé con él. Pero, se sentía muy mal. Lo repudiable es que un artista de su talento, tuvo esa cobertura tan pequeña. En la revista "Alternative Press", sólo le dedicaron un recuadro para informar del suicidio.
Sentado en su pequeña oficina, Rolando Ramos, sigue redactando libretos para las venideras
ediciones de su nuevo espacio. Confiesa que no se sorprende por la cálida recepción del público, hacia Radio Futuro: "Nuestro equipo es muy bueno, por eso estoy contento".
Y pese al cansancio expresado en el aspecto del comunicador, esa devoción musical sigue intacta. Como en aquellos años, donde un adolescente escuchando extrañas melodías, comprendió el mundo de otra forma.
*Una algo olvidada entrevista, rescatada al pasar... Por estos días, puedes escuchar a Rolando Ramos conduciendo el ecléctico magazine "Visión de Futuro", en la 88.9 del dial FM, desde las 13 horas.
Guitarras Marcadas Con Rouge OscuroLas Superheroines fueron el trío malicioso de mujeres pérfidas que, con guitarras en manos, lanzaron sus gemidos más radicales, desde 1981. Porque sin otorgarle tregua a otras féminas que abundaban en los colores rosados del Pop melódico, ellas respondían gracias a posturas cercanas al Post Punk de cañerías ocultas y brebajes góticos.
"Cry for Help" fue el puntapié inicial de ese callejero Rock mal oliente que no tranza, el cual se condimenta con aquel legado dejado por otra nena tormentosa: la siempre inquieta Lydia Lunch. Esta última suma sacerdotisa del corrosivo circuito artístico neoyorquino, en plena década de los setentas.
Eva O (quien sería el contraluz femenino de Shadow Proyects y compañera de andanza del natural líder de Christian Death, el fallecido Rozz Williams), Del Mar Richardson y
Sandra Ross demostraron que las mujeres si saben husmear en melodías opresoras.
Después de algunos cambios en la formación del trío, donde comandaría el bajo Jill Emery quien derivaría a la larga en Hole, estas brujitas pasadas a incienso contestatario siguieron haciendo de las suyas con dos álbumes más: "Souls That Save" y "Love And Pain".
"Nunca tuvimos conciencia de lo que fuimos y mientras duró, nuestras proyecciones eran de estar permanentemente tocando. Menos pensamos en influenciar a otras bandas femeninas, ni marcar un estilo... Eran nuestra aptitud, las ganas y el escenario lo que nos movía siempre", recuerda la ahora nostálgica, Eva O.
Pie Forzado
Asiente con la mirada. Juega algo nerviosa, enroscando la punta del cabello mejor cuidado.
Por la ventana, los árboles se tornan amigables y se acomodan con la brisa escasa, algo lejana.
El cuadro que se dibuja, entorpece o irrumpe. Esa noche, esa luz, ese encantamiento.
Desde luego, desde ayer, quizás podría ser. Las conjeturas, los puntos suspensivos tenían valor único.
A lo lejos, unos saltarines gatos de tejados húmedos danzaban antojadizos. Ellos estaban perdidos, oscuros y elocuentes.
Ella, no sabía en que instante había visto la patente de ese auto. Y sus manos, todavía guardaban el olor a limón rayado.
Desde la rama más insignificante, lubricada en los colores pasteles bien embrujados, una pequeña cuncuna se mecía. Ya las horas cándidas del sol depositante, le había abandonado. Pero, la cuncuna se movía precisamente.
Para allá, para acá. Intermitente de insecto, dobles pausado...
En los movimientos, dibujaba celosos trazos e impregnaba en sólo su extensa rama, los olores corporales. Sin embargo, el pequeño ser dejaba en claro que su obrera jornada buscaba el estacionamiento merecido. Ya, la cuncuna participante se aprestaba a seguir el viejo camino.
Mientras, ritual de por medio, la otra "ella" se tocaba.
Trataba de silenciar sus prejuicios, despojando cualquier imagen fastidiosa, porque pensaba que el momento lo acreditaba. Desde lejos, el interior lo explotaba sin titubear, a contra sentido del refinado vals, dictaminado por la cuncuna remolona, emergía.
Emergía inerte.
Ella, insana de poros abiertos, no sabía el cómo. Sólo se apuraba por encontrar los contornos manoseados, haciendo grandilocuentes círculos que debían de intimidar.
Alguien le recomendó o lo leyó en las revistas pasadas a tinturas femeninas. Lento, cauto, despejando, anestesiandolo, acariciándolo.
Los verbos con sus entonaciones son escuchados claramente. Lo restante, lo del aquí y ahora, será tarea pendiente.
*Las pinturas que soportan estas insensatas palabras son del artista argentino, Eduardo Czentner.
Adolescencia Que AdoleceA veces, las gratas primeras impresiones y aquellas caras amables ocultan un trasfondo maquiavélico. En ocasiones, las conductas políticamente correctas son los engranajes más torcidos de quienes intentan manipularlo todo.
Y en nuestros adolescentes años, donde la aceptación social ocupa una preponderancia natural en lo cotidiano, los que son catalogados como "chicos populares" suelen ganar protagonismo o acaparan complacientes miradas...
El poder ingresar a un circulo más reconfortantes de amigos, dar el giro inesperado a su vida rutinaria y compartir las problemáticas propias de los 16 años, son los motivos para que la retraída Blanche se acerque al deslumbrante actuar de su nueva amiga, llamada Christa. 
Es así, zigzagueando en la narrativa directa y desprovista en recoger elementos descriptivos menores, que la prolífera escritora Amélie Nothomb sigue con sus llamativas historias superventas. Las mismas que desde 1992 la catapultan, al reducto de los más reconocidos escritores, ensalzados por internautas.
En sólo 128 páginas, esta autora de origen japonés trasluce en su libro"Antichrista" la búsqueda desorientada de una niña-mujer busquilla, cegada por inyectar vivencias vertiginosas. En otras palabras, la cándida Blanche junto a su familia abren inocentemente las pupilas emotivas, sin considerar otras perjudiciales intenciones de fondo...
Una lectura muy amable que, perfectamente, podría estar al lado de la silla veraniega y entre el inevitable bostezo dominguero.
Bichos DisonantesFéminas que andan cargando sobre sus hombros historias descuartizadas y apolilladas en los amores más desconcertantes. Personajes que revolotean, encandilando con sus sombríos actuares, negándose a seguir un patrón en común...
Un intento de relato algo atípico, difuso, críptico o demasiado pretencioso.
"Insectario Amoroso" es el despeñadero narrativo que la periodista chilena, Claudia Donoso, publicó a fines del año 2004, bajo el alero de Editorial Sudamericana.
En esta, su primera novela, converge el experimentar transito de una aventurara mujer que deambula por el Tibet, hasta la cotidianidad que vive aquella cartonera habitual. Todo entonado con el canto de lo que no pudo ser o de romances turbulentos, los cuales dejan huellas traumáticas.
"De hecho, el título (Insectario Amoroso) tiene que ver con la idea de pinchar bichos súper bellos que tienen una historia y que a uno le sirven para armar un muestrario. También se relaciona
con el patetismo del álbum familiar, porque las fotos corresponden a muertos o a futuros muertos. En ese sentido, el insectario y el álbum son lugares de la memoria", reflexiona la autora nacional, quién siempre ha desempeñado su labor periodística cercana a los tópicos culturales.
"Una entrevista muy fundacional para mí fue una que le hice a Enrique Lihn, para unos fascículos que sacaba Martín Cerda, por los años ochentas. Creo que ahí aprendí mucho, porque fue una conversación que duró mucho tiempo y estaba muy inhibida, ya que era la primera vez que entrevistaba a una persona tan admirada, tan cototuda. Entonces, me demoré tres meses en hacerla y creo que de ahí en adelante, ya empecé a ser más seria en mi trabajo", recuerda Donoso, dueña de un estilo literario desprejuiciado y virulento.
Ella y Su Regia OrquestaCuando los antojadizos recuentos musicales se masifican en la mente de aquellos reconocidos "críticos especializados", significa que un ciclo está finalizando. Y que mejor excusa es enumerar, con estructurados planteamientos que denotan trasfondo documental, porqué habría que rendirle pleitesía a la última producción de Sir McCartney, al medido desgarro intimista lanzados por Chris Martin o al plumífero icono electrónico de los cuarentones Depeche Mode. Pero, en esta inesperada guarida virtual lo "debido" no es generalmente seguido o bien procesado.
Y si se trata de enarbolar la banderilla con el álbum quebrantahuesos, aquel que destapó vuestros oídos de la cerilla melódica poco provechosa, no es necesario que haya sido parido el año 2005. ¿Es que acaso sólo valen aquellas creaciones que huelen a caratula recién impresa, dejando de lado la placa volátil y persevera, llegada a tus manos porque sí?...
En pleno auge de pendrives y autopistas concesionadas, darle un parcelado vistazo a la evolutiva discografía de Ella Fitzgerald es un deleite auditivo indescriptible. Nacida en el
sureño estado de Virginia, quién es considerada como una de las voces iniciáticas del Jazz estilizado, debió de enfrentar los prejuicios e inconvenientes propios de su época.
Porque fue hasta después de grabar con Louis Armstrong, además de firmar en 1956 con el sello Verve, que Fitzgerald catapultó su carrera por los torrentes más luminosos. Así al año siguiente, "Get Happy", se trasforma en un álbum cálido y acogedor. Un disco en donde interpreta temas de Gershwin, Berlin y Previn.
Una producción que es adornada por esa rítmica entonación,
que pareciese ser solventada en la eterna aura optimista. Quizás la característica que contrastó, absolutamente, con el tormentoso matiz artístico de Billie Holiday.
Siempre ocupando el codiciado papel de "instrumentista vocal" en las principales orquestas de entonces, Fitzgerald nos retrotrae a la década donde Miles Davis experimentaba hasta decir basta y el espíritu jazístico también se ligaba con la música clásica.
Tiempos, en los cuales, expresiones tan pasadas a naftalina como lo son biógrafo o botica, sí tenían sentido cotidiano.