viernes, junio 09, 2006


El Húmedo Efecto Mirage

Sus ojos elocuentes y algo perdidos, siempre suelen estar al servicios de los intensos personajes que ha interpretado. Desde la incursión cinematográfica en la malograda película “Salto al Vacío”, el cineasta vasco Daniel Calparsoro se convirtió en bastante más que aquel director que realizó las primeras apuestas artísticas en ella. Por algo, el muy truhán probó sus tentadores labios.

Incluso nuestro cercano Alejandro Amenábar la proyectó en el esquizofrénico rol de quién quiebra de cuajo la vida del hedonismo actuar de César (Eduardo Noriega), en su segunda entrega audiovisual titulada “Abre los ojos”.
Ella es de nombre impronunciable, con orígenes jordanos y más de alguna vez fue nominada a los premios Goya, por sus actuaciones en “Los Amantes del Círculo Polar” y “Lucía y el Sexo”.

Claro es ni más ni menos que Najwa Nimri, la guapa que también explota sus inquietudes cadenciosas con aires electro contemporáneos, que gracias a unos cuantos álbumes en el cuerpo sigue explorando en solitario los sonidos tenues y algo sedantes.

“Walkabout” es el nombre de su última entrega musical que consta de temas cantados en inglés y uno, para incrementar la masculina imaginación algo torcidamente malula, en un íntimo francés.

Una grata sensación musical, nada de rupturista, acompañante ideal para las tempraneras caminatas invernales.

viernes, junio 02, 2006

Cohen es el Hombre

El sólo intento de representar su figura artística, ya es una tarea compleja.
Los recomenzares introspectivos, conjugados al dinamismo del siempre inquieto creador, yacen templados en su dilatada carrera que dio los primeros pasos junto a la guitarra cómplice, en plena década de los sesentas.


Tan señorial como lo permite quien experimenta por más en las melodías. Tan malditamente mujeriego, sólo atribuible a la labia del poeta no asumido. Tan formal o elegante como su nombre lo indica, Leonard Cohen parece no incomodarse al recibir tanto halago y tributo merecido.
Sí en su momento Neil Young, su rockero compatriota, encabezó la lista de quienes le expresaban reverencias; el paso siguiente caía de cajón.

Porque parafraseando a una de sus canciones más “masivas”, “I’ your Man” es el documental que la novata directora australiana Lian Lunson no se cansa de inhibir en el circuito de festivales cinematográficos europeos.
Desde la interpretación de Jarvis Cocker para el clásico “Diamonds in the Mine” hasta legendarios interpretes con el renombre de Nick Cave, aparecen en una cinta simple que significó una inyección anímica en el propio Cohen.
Esto último provocado por las controversias de la demanda judicial que debió enfrentar al ganar un litigio contra su ex representante y pareja.
Pero, las polémicas recompensaciones económicas no son la prioridad vivencial en un multifacético personaje que -haciendo gala del humor negro- ríe de él mismo. Claro es que a su manera y corriendo el riesgo de ser tildado de pretencioso oligofrénico, se atreve a asegurar: "Soy alguien poco locuaz en lo diario, distraído y algo mal genio. Tengo mis parámetros en muchos sentido y no los quiero enjuiciar. Menos perder las horas en cuestionarlos, pese a que el tiempo siempre termina pasando la cuenta... La impulsividad y las ansias permanentes quedaron en el camino, lo que me satisface bastante. Pero que va, he grabado muchos discos de lo cuales me siento orgulloso y de los otros no me responsabilizo. Sólo sonrío".


Aunque bastaría con remontarse al característico tonito monótono y temática ensimismada, muy bien graficada en sus antojadizas publicaciones poéticas, para descubrir la esencia irónica que plasma sutilmente. Esto ya que su “lenguaje confesionario”, lo hacen desfilar por las líneas menos explícitas. Algo que es bastante apreciable en “Avalanche”, el primer track del clásico álbum “Song of Love And Hate” editado en 1971, del cuál Cohen sentencia: “Planté el pie en una avalancha que cubrió mi alma. Cuando no soy este jorobado que ves, duermo bajo la colina dorada... Tú, que deseas conquistar el dolor, debes aprender. Aprender a servirme bien”.

martes, mayo 23, 2006


Rajna: El étnico grito desde el “Techo del mundo”

El rescatar las esenciales características de una cultura o civilización, ha sido el objetivo preponderante de algunos curiosos músicos. Más interesante resulta aquello, cuando estos elementos nos hacen entender un sin número de códigos tan lejanos para nuestros sentidos.

Sin duda, Lisa Gerrard y Brendan Perry encaminaron sus originales pasos para retrotraernos a un mundo cautivante. Desde su primera placa homónima de 1984, la perdurable fusión del Folk Europeo y las íntimas atmósferas ancestrales, afianzaron un estilo propio y tremendamente influyente. Aunque después de la separación de Dead Can Dance, muchos “viudos” inconformes quedaron degustando otros brebajes similares esperando la venidera resurrección del aplaudido dúo australiano.
Si bien “Inmortal Memory”, uno de los súltimo arranques personales de nuestra introspectiva musa de la mano del clásico músico Patrick Cassidy, nos entrega un subjetivo “calmante” sonoro; nunca basta para “saciar” las ansias de más Dead Can Dance.

No obstante, los franceses de Rajna quienes editaron su primera producción “Ishati” por el sello Prikosnovénie y en actualidad lo efectúan bajo el catálogo de Holy Records, se empapan con muchas de las tradicionales melodías de aquella sutil “muerte que vuelve a bailar” patentó en la segunda mitad de los 80’s.
Esto no significa que ese alto grado de referencia detone el simple y vulgar “calco estilístico”. Porque más allá de cualquier aceptable guiño, la pareja creativa conformada por Jeanne Lefebure y Fabrice han revitalizado un sonido tan persuasivamente provocador. Instrumentos que pueden ser muy distantes para nuestro oído occidental, como es el Yang T’Chin o registrar su tercer disco en el Monasterio de Kyi Chú, personifican la latente preocupación por abordar temáticas tibetanas. Esos básicos principios de alcanzar “la verdadera pureza humana”, en la cuna espiritual del Lamaísmo, han sido históricamente restringida por el opresor gobierno chino. Además las controvertidas imágenes esotéricas, las cuales testifican el origen de chamanismo, evidencian la esencia del sectario budismo reinante en la aislada región.

Y gracias a esa mística reaccionaria, estos artistas galos ya han publicado cincos interesantes álbumes. “Hidden temple” su última entrega, en cuya edición limitada puedes apreciar la selección de demos y versiones extraoficiales de los antiguos temas, se encarga de extrapolarnos a un viaje celestial con la utilización de una treintena de instrumentos orientales. Sin mayor consigna que adentrarnos en quejumbrosos cánticos rituales, los cuales nos llevan a contagiarnos con una tranquilizadora aura étnica.

Toda esta experiencia es altamente recomendable para quienes, sin afán de elitismos mal entendido, piensan que en simples compases se puede conocer conductas y comunidades educativamente enriquecedoras.

lunes, mayo 15, 2006

Poemario Cero

Pese a que no es santo de mi devoción literaria, últimamente he estado reflexionando sobre algunos planteamientos expresados en “Algo sobre el arte de la poesía” de Miguel Arteche.
En dicho texto, desde aquel lugar del actor principal, el escritor chileno lanza sus variadas interpretaciones a las circunstancias vivenciales y el cómo influyeron en que muchos escritores se introdujeran por los reconfortantes caminos poéticos.
Y releyendo aquellos fragmentos, en donde expone las similitudes bien racionalizadas gracias a un paralelismo de dicha vertiente artística con el descubrir ingenuo del niño frente al mundo, la pregunta fisgona nació espontánea.


Porque para ser sincero,
ya ni me acuerdo en que presuntuosa divagación o sincronismo mágico apareció mi alienante gustillo por la poesía.
La data exacta de este acercamiento que se ha vuelto tan vital, no se remonta a los años escolares, donde las imposiciones de textos clásicos me malhumoraron más de una vez. Menos en una Escuela de Periodismo tan poco atinada al incentivo del descubrimiento de esta visceral prosa. Claro es que en la despistada mirada preliminar tuvo bastante que ver mi compulsiva y creciente melomanía.
Aunque para ser bien riguroso, no sería capaz de precisar bajo que cotidianas situaciones las “esculpidas” líneas del recientemente fallecido Ian Hamilton Finlay o la críptica camada de lírica, en Francia, de finales del siglo XIX fueron el caldo de cautivo para hurguetear por más.
Creo, me encantaría deducirlo así, que el impulso por proyectar aquel pleno mundo imaginativo siempre ha terminado por ser una motivadora válvula de acción. Una instancia de refugio emocional que puede ser colindante hacia lo racional, aunque en esa encrucijada no pierda sentido, ni sea abúlica porque sí.

“Los primeros poemas que conocí fueron canciones infantiles, y antes de poder leerlas, me había enamorado de sus palabras, sólo de sus palabras.”, confiesa Dylan Thomas, en su ya clásico testimonio llamado “Manifiesto Poético”.
“Lo que las palabras representan, simbolizan o querían decir tenía una importancia secundaria; lo que importa era su sonido cuando las oía por primera vez en los labios de la remota e incomprensible gente grande que, por alguna razón, vivía en mi mundo. Y para mí, esas palabras eran como pueden ser para un sordo de nacimiento que ha recuperado milagrosamente el oído, los tañidos de las campanas, los sonidos de instrumentos musicales, los rumores del viento, mar y la lluvia, el ruido de los carros, los golpes de los cascos sobre el empedrado, el jugueteo de las ramas contra una ventana.... No me importaba lo que decían las palabras, me importaba los colores que ellas arrojaban a mis ojos”, lanza tan vivo en su severa voz, el célebre literato inglés.

Seguramente que algunas de estas afirmaciones en términos fríos y concretos son miradas, por muchos, con distancia e indiferencia. En especial cuando el avasallador modelo neo brutalista de los cantos del “aparentar ser”, impone que la actitud del regocijo verbal tiende a irse por el riel alternativo y transitar en las buenas intenciones, de quienes sí las valoramos.
Pero, que va. Ya lo decía Jorge Teillier quien sí entendía de imágenes escritas muy bien iluminadas, además de húmedos vagones de trenes: "La poesía es la verdadera vida. Y esta puede ser vivida en la tranquilidad de la aldea o en el bullicio de los bares. En la soledad de los bosques sureños o de los solitarios domingos urbanos, mirando los últimos reflejos del sol, en cualquier vidrio común'”.

martes, mayo 02, 2006

Cathy con C

Ha pasado el tiempo, desde que aquella vocalista tímida se soltara frente al público que demandaba al extremo nuevas agrupaciones nacionales. Porque ya el ajetreo publicitario de la mitad de los noventas, donde no faltó el sello discográfico con numerosas ofertas, es un recuerdo lejano que evidencian el no dejar todo solamente en manos externas. En especial cuando gran parte de ese “todo”, es tan crucial en el complejo proceso creativo.
Corría 1995 y Malcorazón solía ser una de las agrupaciones chilenas que, con su debut discográfico llamado “San Bernardo”, escribiría una hoja determinante en el erosionado circuito rockero criollo.
Fuese finalmente así o no, cómo cualquier senda evolutiva los venideros pasos que vinieron fueron influenciados por esos años.
Después la excusa melódica más electrónica se conocería bajo el malogrado concepto de Rever, del cuál nunca hubo mayores resultados.


Pero, el ahora es mucho más auspicioso.

Nuestra Cathy con C, que tanto simbolizaba con su característico negro visual parte sustancial de las temáticas angustiante de sus antiguos proyectos artísticos, rompe el cascarón de lo grupal.
“La última oportunidad” es el primer single de Cathy Lean, en sus andanzas en solitario.
Ya no habrá que responder las recurrentes preguntas de la selecta casta de “incisivos periodistas-melómanos”, en frecuencia colectiva. Ni jerarquizar lo conveniente para cuatros integrantes.
En su tono de primerísima personal vivencial, ella comparte sus nuevas melodías en estas coordenadas virtuales.

http://www.cathylean.podomatic.com

Baja el tema, atesóralo, escúchalo en la noche de vuelta de un demencial día.
Habrá que relajarse, dejarse llevar, fluir y visualizar, entre lo más explícito del mensaje final, los ojos siempre iluminados de sensibilidad sensata que proyecta Cathy.
Por lo menos es eso, desde la humilde estrofa del pegote seguidor, que me queda claramente.

Y que conste que ni siquiera he tenido el placer de intercambiar un insignificante “hola” con ella.

martes, abril 25, 2006



Frenesí

Se maquilló una tarde otoñal, vistiéndose apropiada a la ocasión. No sentía lástima de sí misma, menos rencor.
Su perfume destellaba crudeza y alientos varios. Ella no andaba sola y lo hacía notar, chequeando en un cuaderno pequeño las ideas que le venían a la cabeza.
Su alter ego la llamaba siempre, pero las condiciones no le parecía adecuadas.
Besar por besar, ya no era su fuerte.
(Rewied evocativo, desde la otra acera menos apócrifa)

Hace algo de frío, el olor del café debería de apoderarse en el contexto, las personas suelen ir más lento. Una figura endeble lanza frases sin mayor sentido, siendo ella su oración menos escrupulosa.
Alguien envía mensajes, aventurando que el otro comprenda de “buenas a primeras”. La otra, incólume frente al desafío calmo, sólo sonríe. Entre ambos quieren jugar a no entender, a figurar sin apariencias y a escuchar. También quieren jerarquizar el diálogo relajado y entusiasta. Finalmente, se contentan.
(Deja Vu, lo debe de haber vivido antes, pero tampoco lo daba por firmado)

Ese lugar, el ruido interior en el vagón, el menear la cabeza hacia cualquier lado, la mano tosca del hombre que se apoya en el asiento de adelante.
Mientras intentaba concentrarse en la prueba que tendría en la tarde, no lograba sacarse de la mente esas imágenes insistentes. No faltó el compañero perdido que preguntaba por un asunto pertinente a la materia y ella sólo atinaba a responder cortésmente. Pero claro es, su pequeña letra no convertían cualquier apunte en texto legible.
Por eso, la cafetería tan concentrada de estudiantes bulliciosos era el refugio forzada para hacer hora y hojear más su cuaderno.
En el desorden de los escritos de diversos colores, ella sólo se entendía.
Y sabía de antemano que las ansias de ya haber vivido antes algunos fragmentos parcelados de su vida, por muy insignificantes que fuesen, tenían explicación científica.
(Perro grato acompañando)

Tan distraída venía, a la altura del camino que recorría a diario, que ni siquiera la frenada brusca impidió un quejido prologando que el animal dio. Casi por instinto materialista, cuando estacionó al costado de la berma, miró y se preocupó de inmediato del posible daño ocasionado a su foco derecho.
Había un poco de sangre del perro vagabundo. Y ella, muy en el interior lamentó lo sucedido.
(Metro repleto, ascensor que nunca baja y revista que están para “entretener”)

Sí, claro. Estaba nerviosa y no entendía que la había motivado a pedir la hora. Menos el cómo se enfrentaba un profesional de tales características. Aunque la interrogante que le rondaba era el por dónde empezar, se tranquilizaba sabiendo que el tipo la guiaría.
¿Sería bueno comentar muchas de sus obsesivos pensamientos e imágenes que estaban latentes en ella o mayor sentido no tendría detenerse en esas tonteras?.
Supuso que hablarían de su familia, del cómo y cuando fue criada para que así, con las excusas normales de por medio, el sicoanalista anotara sobre sus gestos y manías.

(“Bad Movie Scene”, Anneke que susurra la letra milimétrica)
Cuando se dio vuelta hacia su lado de la cama, mientras el pegoteado líquido seminal yacía débil entre sus apretadas piernas, su imaginación se iba. Se descontrolaba, animándose a finalizar una relación que hace mucho estaba perdida.
Ya no quería dañar, menos ser dañada, ni pedir explicaciones.
Era adulta, algo soberbia y certera.
Los mamarrachos que dibujaba cuando pequeña, los chicles que pegaba en los bancos del colegio, las onces con Quick de frutilla, los paseos domingueros al Mampato, las tardes cobijadas en los llantos de la tormentosa Candy y sus ganas de colocarse los maternos tacones altos eran cosas del pasado.
Muy del pasado.

* Aunque no valga la pena detenerse mucho en las palabras antes leídas, sí deberían de prestarle atención al trabajo fotográfico del chileno Rafael Edwards Aguirre, a quien pertenecen las imágenes. Más sobre él y sus expresiones artísticas pueden chequearlas en su Web Site:
http://www.rafaeledwards.com. Aprovechen el datito, ¡no se arrepentirán!

domingo, abril 16, 2006


Carretera Ocultista

Fred Madison es un introspectivo interprete de Jazz que vive con Renee, su mujer, de quién sospecha le es infiel. Esta primaria estructura dramática, tan común cómo rutinaria, puede ser decodificada en los extremos más inverosímiles y laberínticos en el perturbador cine de David Lynch.

Cintas de videos intimidatorias que llegan al domicilio de esta lejana pareja evidenciando el preocupante aumento en el grado de violación a su intimidad, una relación autista entres dos personajes silenciosos y la locura extrema que está esperando a la vuelta de la esquina al desconfiado músico, detonan el placer del lenguaje audiovisual en la amplitud de sus planteamientos. Con planos inquisidores que dicen mucho más que cualquier logrado diálogo o el malicioso cercenamiento de varias escenas en el montaje final, “Lost Highway” late entre los desiguales mundos de la esquizofrenia irreal.
Pero dejando de lado cualquier análisis
detallista y haciendo alusión a los siempre controversiales listados con las escenas cinematográficas más terroríficas, aprovecho de presentales una de mis preferidas.

Después que Fred (Bill Pullman) sigue recordando insistentemente el llamado de la voz desconocida al interlocutor de su domicilio asegurando que “Dick Laurent está muerto” y ver en la lacónica Renee (Patricia Arquette) la traición femenina hecha objeto, en una fiesta cargadas de “gustillos colorinches” ocurre lo insólito. O quizás es el primer indicio del delirante actuar que vendrá y la dualidad espeluznante que cohabita en
una película cargada de encrucijadas desconocidas.
Mientras Fred bebe a disgusto una copa en la barra, un hombre de aspecto extraño se para frente a él. Lo que sigue, es uno de las conversaciones más delirantes del
cine contemporáneo:

- ¿Nos conocemos, verdad?. (Pregunta el extraño, interpretado por Robert Blake quién en los setentas encarnará al popular “Baretta” y que fuese imputado por el asesinato de su esposa, en Mayo de 2001. Acusación de la cuál, finalmente, resultó absuelto).
- No lo creo. ¿Dónde cree que fue?. Responde Fred.
- En tu casa. ¿No recuerdas?.
- No, claro que no. ¿Está seguro?.
- Claro, de hecho, estoy ahí ahora mismo.
- Qué quiere decir. ¿Dónde está ahora?
- En tu casa.
- Eso es absurdo.
- Llámame.
(Pasándole un teléfono celular al confundido Fred, el misterioso hombre lo desafía. Así, sin mediar reflexión alguna, el músico se comunica hacia su casa, respondiéndole la voz del engendro que está al frente suyo).
- Te dije que estaba ahí. (Le insiste burlescamente el hombre misterioso).
- ¿Cómo ha hecho esto?.
- Pregúntamelo.
(Le responde mostrando el teléfono)
- ¿Cómo ha entrado a mi casa?
- Me invitaste. No es mi costumbre presentarme dónde no he sido requerido.


Fred está perplejo y el hombre misterioso se retira, victorioso y sereno, perdiéndose en la concurrencia de la fiesta.
¿Es “Lost Highway” una representación surrealista de las voces más torcidas que provienen de nuestros
miedos mejores guardados? O simplemente, una jugarreta antojadiza de un director empantanado en su auto referente imaginario cinematográfico, que ha parido la producción más sin sentido que se tenga memoria.

De esas y otras materias, incluyendo la documentada perspectiva a toda la filmografía de David Lynch, trata el extenso libro “Claroscuro Americano”, escrito por el periodista español, Andrés Hispano. (Ediciones Glénat. Barcelona, 1998. 344 páginas).
Capítulos en donde se desmenuza las motivaciones y contextos, por las cuales debieron de pasar películas tan decidoras como:
“Blue Velvet” o “Twin Peaks”.

No sólo recomendable para los amantes de este controvertido cineasta, sino también para quienes les prenden velitas a los misterios más conmovedores.

martes, abril 04, 2006

Disco tomía

En cada milimétrico trazo que lanzaba, sin razonar como debía, ocultándose en el discurso del no existir. Cada cuál hacía lo suyo y mientras él estaba dibujando ese lejano contorno femenino, se sentía cálido.
(Sin respuestas, menos salidas).
No sabía quién era, menos si en aquella enorme ciudad pasada a humo existiese. Por momento, el rostro húmedo y agobiante de tranquilidad austera quería tomar vida propia. Y este seducido espectador, garante de sus líneas sutiles, sonreía maliciosamente.
Porque de andar caminando por allí, la niña-mujer silenciosa que se apoderaba del gran escenario blanco debía de probar sus labios acogedores.


Seguro que mordería con pulcritud de literato obsesivo su labio inferior. Seguro que tentaría para el poquito más, dejando aquel gustito a poco.
En cada imaginativo
espacio de la habitación ubicada en el no sé dónde, sonaba con el volumen calmo el disco del Beatle de los cachetes rellenos, cómo acostumbraba a llamarlo su madre.
“London Town”, una vieja producción que fue titulada por muchos en la mediocridad incomprendida, yacía al cantito somnífero de la creación tildada de “ella”. Mientras afinaba su nariz o esquizofrénicamente pensaba en que tenía un carácter fuerte y voz leve, también fantaseaba sin frenos esquemáticos.

Era el estudiante ensimismado, dibujando frente a la manzana verde sin terminar.
Fue la cara perdida e insólita, diluía en los compases de una agrupación que estaba por desaparecer, cargando los fantasmitas rotundos de otro cuarteto aún más decidor.
Estaba el sosiego desterrante
de un disco abortado en su forma y “I'm Carrying”, el tema sacado de una por Paul, acompañándose de la estremecedora guitarra acústica.
Concluía que su idealizada obsesión del que pretende crear y hace nata en el intento, puede ser más satisfactoria por la sintonía fina del intimismo singular.


El no entendía el porqué de la aparición de ese rostro desconocido en la hoja, menos si su actuar debía ser causa de preocupación terapéutica y cómo muchos periodistas fanfarrones lanzaban tantas críticas adversas a dicho álbum.

martes, marzo 28, 2006


El último tango masivo de Warnken

Desde que empecé a ubicar la llamativa figura en los medios de Cristián Warnken, en un novedoso proyecto radial que conjugaba ángeles poéticos al alero de la antigua Radio Concierto, sus pasos comunicacionales me resultaron muy necesarios.
Y escojo precisamente este adjetivo porque en aquella pequeña isla mágica de diálogos hipnotizantes que nutrían varios pasajes del recién cancelado programa televisivo “La Belleza de Pensar”, el impulso descubridor de internarse hacia los lados más insondables del creador nato fueron un paso iniciático demasiado refrescante.
¿Cómo olvidar la divertida conversación que sostuvo con el multidisciplinario artista Alejandro Jodorowsky o la intimidad reflexiva que demostró, en su “primerísima persona circunstancial”, el novelista barcelonés Enrique Vila-Matas?. O aquella constante vigilia deslumbrada que parecía proyectar al analizar la obra emanada por Rimbaud y sus constantes citas sobre el poemario recurrente del inquisitivo Enrique Lihn.
Por eso y con el mal sabor momentáneo
del alejamiento de Warnken de la “exposición masiva”, ya que también su espacio radial no continuó este año, los hipócritas lectores- que él siempre tanto aludía- deberían de lanzar su repudio al unísono.
Sin más ahínco
que seguir escuchando una epifanía húmeda y alusiva a ferrocarriles nostálgicos, en las líneas de Jorge Teillier que acostumbra a leer, habrá que hacerse sentir. De una forma sutil, algo volátil, con sutilezas de las líneas mejores concebidas.
Quizás si me lo topara cerca del Parque Forestal, indómito frente a ese libro embriagador que es atesorado por el propio Warnken en su “reducto” amable llamado Café Mosqueto, me sentiría llamado a hablarle.

El comentario atingente o, mejor dicho, la excusa perfecta vendría siendo la razón del término de su relación contractual con la televisiva estación católica. Eso si es que su cara no denota concentración acérrima al leer sus hojas del momento, de la misma forma que lo expresaba cuándo “entrevistaba” a los alienantes personajes que él divulgaba.

martes, marzo 21, 2006


El Hombre Que Alucinaba Demasiado...


Hablar de Timothy Leary es intentar dar más de una vuelta a las diferentes búsquedas espirituales y psicológicas que puede llegar a albergar la heterogénea conducta humana. Y aunque la frase anterior resulte rimbombante, bastaría con interiorizarse en los vistosos pasajes biográficos de este experimental psicólogo estadounidense, para entender que su labor pasó por merodear en los diversos estados alucinógenos de aquellas drogas contingentes, proliferadas a los cuatro vientos, en los sesentas.

En su momento, Leary era un respetado académico de Harvard que no imaginaba los resultados de sus “resplandecientes” juntas con el poeta “Beat”, Alan Ginsberg. Ni menos que obsesionarse en estudiar empíricamente la LSD, sustancia utilizada en su origen en tratamientos de pacientes alcohólicos, marcaría sus adictivos pasos y su exclusión de los tradicionales círculos intelectuales. Pero, poco o nada pareció importarle eso.

Sus ganas de comprobar que los efectos positivos en el ámbito creativo que producía las drogas psicodélicas, además de creer fervientemente en evadirse del entorno belicista- reinante en la bipolaridad ideológica absoluta de la “Guerra Fría”- detonaron su disonante actuar.
Leary, quién en sus últimos meses consumía un condimentado cocktail de estupefacientes, recomendaba el ritual introspectivo máximo leyendo la reconocida prosa de otro clásico escritor sedicioso, como lo fue Hermann Hesse.

“Hesse es el maestro de la vivencia psicodélica y su aplicación. Antes de una sesión de LSD, deberían leer “Siddharta” o el “El Lobo Estepario”, una lección impagable de sórdida eyaculación literaria”, aseguraba.

A propósito de los comienzos estudiantiles del aterrador mes de Marzo: ¿Se imaginan que frente a vuestros ojos de mechones desorientados, en la respetada aula del saber, aparezca muy suelto de cuerpo un profesor de la talla del virulento Timothy Leary, lanzando sus más viscerales planteamientos?.
No, creo que sería muscho...

martes, marzo 14, 2006


///Mi Copiloto Gabriel///

Por esas circunstancias impensadas, últimamente he tenido que efectuar varios breves viajes automovilísticos, de algo más de 120 kilómetros. Y con el insistente entorno del abúlico paisaje, que a estas alturas resulta bastante rutinario, un viejo álbum setentero ha retumbado fuerte en mis antojadizos tímpanos.

Fiel a su estampa del acompañante auditivo idealizado, un músico reconocido por muchos gracias a sus publicitadas acciones sociales y reconocidos singles radiales, lanza sus experimentales melodías, entre los dos lamentables peajes que se deben cancelar.

Es el mismísimo Peter Gabriel más chascón que intentan pegar el “rasguño” inquietante desde la carátula, en aquella versión remozada de 1978, post salida abrupta de los entonces teatrales Genesis.

Son las motivaciones de un compositor ya empantanado en el avasallador éxito comercial del otrora quinteto inglés, obsesionado más allá de las comentadas actuaciones dramáticas que lo cobijaban en el escenario, en las sietes producciones musicales alcanzadas con sus prolíferos amigotes del Rock Progresivo.

Eran años donde Gabriel cantaba sobre el cómo formar un hogar dulce con aquella muchacha mágica y sus perspectivas giraban en torno a la colorida escena que decía contemplar. Todo esto en sus primeras aventuras artísticas en solitario que, para el dolor de cabeza de su sello, no tenían título y solamente eran distinguidas por el diseño gráfico.

Gotitas siempre difusas del Avant-Garde menos críptico, conceptuadas en once tracks que tranquilizan a cualquier solitario conductor.

domingo, marzo 05, 2006

Iggy Pop y El Constante Presente Continuo Del Que Nace Iguana, Muere Rockeando

Tras un par de cambios internos en la formación original de los caóticos The Stooges, el escaso apoyo masivo recibido en su momento por el antecesor álbum "Fun House" y la abrupta salida del sello Electra, el futuro musical se veía muy incierto para cuatros alucinógenos espadachines del ensordecedor Rock corrosivo; que se alzaba a principios de los setentas.

Iggy Pop sólo provisto de algunos de sus fantasmagóricas aflicciones que ya provenían por una infancia tímida, escuchando largas jornadas aquellos discos emancipadores de los Doors y gruñendo la voz del que no tiene "nada que perder", construyó un álbum lanzado sin piedad, a la yugular más conservadora.

"Raw Power"
fue el último gemido nihilista de un cuarteto predestinado al sopor eterno, en donde se combinan los tiempos algo más compuestos entregados al interpretar un Bluesy, que está latente en "I Need Somebody". O el tema que da nombre al álbum, el cual desata la contrapartida rabiosa hacia los "bien intencionados" mensajes del hipismo imperante, confirma lo innegable. Sí el propio David Bowie compondría aquella cofradía luminosa, mezclando dicha producción discográfica, el resultado debería ser decidor...


En ese entonces el manual para el aprendiz virginal, heredado del estadounidense concepto sonoro anclado en el "Garage Experimental", tenía una reedición en cada movimiento de la iguana inconformista... Para allá, para acá, a torso desnudo, arropándose al pedestal de un micrófono indefenso, declarándole el sexo melódico más seminal.

Tan obsesivo como locuaz en contenido Iggy Pop, quién continúa deambulando tranquilo bajo el nombre civil de James Newell Osterberg, haría notar la importancia de tragar saliva y proyectar un sonido más allá de sus propias narizotas disonantes.

Cómo para tenerlo muy en cuenta...

lunes, febrero 27, 2006

Hablar Consigo Mismo

Estar constantemente en una vigilia eterna que se niega a finalizar. Prolongar aquello que se podría denominar como existencia, para algunos, por vías extremas. Ver pasar la vida, poco a poco, dejándola escapar...
Fue gracias al concepto desarrollado por Jennett y Plum que, en 1972, nació la nomenclatura científica de "Estado Vegetativo Persistente", (EVP). Este concepto, que es definido como la pérdida total de la conciencia del individuo con su entorno y la incapacidad para interactuar, fue la temática circunstancial que cobijó al aplaudido director Pedro Almodóvar, en su película "Hable con Ella".
Pese a lo lejano que resultan los pasajes cinematográficos tan dispares con las situaciones reales de quienes sufren esta traumática experiencia, el trasfondo planteado por los diálogos de dos hombres ensimismado frente a lo desconocido son delicadamente llamativos y decidores.
Benigno es el enfermero que habla intensamente con su añorada y persistente "durmiente". Es el hombre endeble en lo afectivo quién no repara en contradicciones para establecer cualquier idealizado contacto con su cautivante enferma, alentándose a seguir creyendo en la vaga posibilidad que la "ida Alicia" despierte del coma. En cambio, el más racional escritor Marco no puede ni siquiera ayudar a las enfermeras de la clínica "El Bosque", a cambiar de posición a su inconsciente pareja. Menos quiere asimilar que ella está postrada en cama, después que el toro hiciera sangrienta presencia en una jornada que ya se convirtió, para él, en una pesadilla recurrente.
Una pesadilla proyectada con los colores más espeluznante de la incomunicación que ya hacía mella en la relación de pareja vivida por Marco, con los debidos silencios mutuos del "no entender". Y es en esa encrucijada argumentar que deslumbra tanto a Almodóvar, que la metáfora lapidaria de recobrar aquel sentido del diálogo profundo en cualquier determinante relación, se torna muy crucial.

domingo, febrero 19, 2006

El Poemario Disonante De Stella Díaz

Esta mujer, ya de avanzada edad, no es la típica abuelita que solicita piadosamente ayuda para cruzar la calle o aquella lanzada a la habitación del olvido familiar, de un asilo para ancianos...
Digna testigo femenina de la visceral generación literaria chilena de los '50, Stella Díaz Varín la misma que viste y calza en esta fotografía, debió haber sido la primera poetiza chilena punkie de tormentos varios, maldita por descarte y con prosa virulenta. Porque gracias al arsenal de palabras críticas, mezclada con los contundentes sorbos creativos que se bebían en torno a las alienantes cofradías artísticas de entonces,
esta serenense declamó pasajes poéticos tan lúcidos y agrios, a la vez.
Pero para que la "majadera primera persona circunstancial" no continúe el afán descriptivo en exceso, fue el propio escritor Enrique Lihn, quién se atrevió a concluir:
"La voz, que quizás se hace oír en versos largos y acumulativos, es imperiosa, arbitraria... Así pues Stella era, es, una tenebrosa cantante desconsolada y también frenética, orgullosa de sus imágenes y negligente con relación al sentido de su canto".
Contertulia eterna del desaparecido café Iris, autora espontánea de la primera expresión artística denominada más tarde como "Happening" por Allan Kaprow, comparada alguna vez con el mismísimo Bukowsky. Eso y otras deidades mágicas, personificó la escritora que insistía en sus líneas con testimoniar
algunas ausencias significativas:


Las grandes ausencias amenazan
Cuando los sirlos
Esos bellos pájaros
Emigran
Y la lejanía hiere sus alas
El hombre no lo sabe
Porque duerme
Oculto por causa de la luz
Para no prever la muerte.

martes, febrero 14, 2006

Ella Baila Sola

A lo lejano, haciendo suya esas capas intangibles de sensibilidad irracional, yacía canturriando al antojo mejor logrado. Yacía cauta, imperecedera. Sus labios pronunciaban algo difuso, queriendo ser visible en los colores vivos de esa ola golpeadora. Sonaba de fondo, muy en el fondo inocuo.
En la profundidades de las tranquilidades propicias y una tarde que se listaba a formular el plácido tuto-guagua, la tecla marcaba los lugares precisos.
Sólo podría precisar que sus guiños melodiosos servían para acurrucarse, tomar iniciativa del "sí, necesito más" y darse unos buenos giros. Todo sobre la marcha, danzando mientras aquellas pequeñas gotitas lluviosas caían
sobre mis mejillas.
Valdivia
se lucía con su viento sanador y gracias a lo envolvente de la isla bien guardada, llamada Mancera.
Mientras, congruentes en las voces femeninas que recorrían partes milimétricas de ese cuadro, las ganas de despertar eran silenciosas. Pese a que el presente fornido golpeaba parte de ese entonces, los desagrados dormían
para el eterno después.
Elizabeth Fraser
seguía delineando delicadamente sus compases. Se hacía toda juguetona, moviendose de un lado hacia otro, para allá, para acá. Y el ejercicio indicado de seguir con los ojos cerrados, era de obviedad absoluta.
Dandose vuelta, tomándola de la cintura, sintiendo su aroma del atardecer, susurrándose letras inconducentes, sintiendose inocente, sintiendose un endeble "rey feo de colegio en la básica", bailando el vals improvisto o natural, en sus manos breves de gelatinas. No queriendo despertar jamás, ni tener que recorrer los más de ochocientos kilómetros que me devolvían al aquí consciente.
Porque sus dubitativas imágenes, dulzonas y entonadas con chocolate caliente, me
instalaban en lo otro. En lo otro, verbalizado en el paralelismo que es difícil de detallar e inalcanzable al vistazo general.
Una vez que llegué al destino acostumbrado, me obsesioné urguetiando en disquerias afines.
Por largos meses, derivados en secuenciales años,
estuvieron y estarán allí.
Aunque parezca injustificable
o apelable al antojadizo sentir mañoso, en Valdivia, cerquita de Niebla, debería de existir una escondida calle, bajo el nombre de Cocteau Twins.

domingo, febrero 05, 2006

Enrique Lihn al Pizarrón

¿Quién anda por allí?: Parlante inusitado de la nada unipersonal, de talante inquisitivo y mirada allanadora... Sin rodeos narrativos que estén insanos y demás abúlicos artilugios estilísticos, Enrique Lihn es aquella voz interna, reveladora de los cortocircuitos que nos depara nuestro traicionero inconsciente, con olor a somnolencia...

¿Cómo sintonizarlo?: Al parecer, parte de la esencia antes descrita han motivado para que la Editorial Diego Portales se lance al ruedo y nuevamente publique algunos pasajes de la obra de Lihn. Sí en su momento el turno fue asumido por "La pieza oscura", ahora revive un libro conceptualmente inédito, titulado "Nota Estridente", el cual cuenta con el epílogo de Matías Ayala.

¿Qué se debería de murmullar?: Este poemario, en su origen, fue enviado a un concurso literario a fines de los sesentas, por el propio autor. Lamentablemente no tuvo nunca el merecido reconocimiento pasando desapercibido, pero algunos de sus pasajes fueron publicados en diversos diarios y revistas. Hasta que el afán del rescate bien entendido, lo ha vuelto a enarbolar.

¿Aunque usted no lo crea?: Debido a la profundidad grave de su vocalización, Enrique Lihn fue voz publicitaria y de continuidad en la desaparecida Radio Mineria, ganandose así aquella "platita poca, pero segura". Además, efectuó un inusual comentario literario en otra señal ya fallecida de televisión, perteneciente a la Universidad de Chile.

jueves, febrero 02, 2006


Duales

No podría precisar que estaba pensando en ese minuto, ni lo pedante que parecía ser mi postura. Tampoco porque debí de estar allí. Fue en el majadero ejercicio de arrugar servilletas que ellos aparecieron, alucinando el lugar tan público y concurrido.
En el local que solía ocurrir lo rutinario, reducto del paisaje veraniego y algo insistente, dos risotadas alargadas se encontraban. Dos que se prestaban coincidencias, repitiendo los compases más locuaces de un tiempo pendiente, siendo digno del paréntesis que caía sin goteos plásticos.
Eran devenires de códigos intachables, una ausencia sólo de estar, sin concluir en la sunción e hipnotismos del ser pequeño que solamente quería contar historias. Así, sentado en la silla respectiva, él empezó a enumerar sus frescas vivencias.
Desde el púlpito impensado, como siendo el inconsciente espectador, yo no sabía que hacer. No sé sí las imágenes que vinieron fueron muy repentinas o las ganas de anclarme en la situación eran contundentes. Tan hilarante era la presencia de esos dos espíritus cómplices, que las ganas de diluirme en los dobleces de las famosas servilletas, ya me resultaban espantosas y superficiales.
Era el ambiente contagioso,
los cantos que disfrutaba un niño despierto, las evidentes sensibilidades que ponían la piel de gallina, porque debía de ser así.
¡Todo eso y yo, desprovisto de las palabras que me cobijan!.
Porque para que estamos con cosas, yo me veía incapacitado de capturar esos diálogos secretos, esas miradas que cuajaban suavemente, aquellos tonos del reencuentro propicio y las válvulas que cedían.
Yo, desprovisto del terrible escritor por casualidad, estaba al borde de la cancha. Yo, quién creía vestirme de las metáforas más refinadas, me encontraba torpe. Yo, grandilocuente a la hora de lanzar sentencias agrietadas, me desesperaba al ver el correr del reloj.
Ellos, susurrándose alegría por los poros y haciendose pares, me remecieron por completo. Creo, no estoy seguro, que el padre insistía que el pequeño era "de acción". Que esa simple oración sin racionalidad, significaba la delimitación de sus propios desafíos tempraneros.
¿Era "de acción"?. ¿Era un encuentro que marcaba continuidad, diciéndose mutuamente "cuando nuestros extremos quieran"?. ¿Era que sí o el manoseo a las servilletas traslucías las primeras consecuencias alucinógenas?.
Cuando atiné a reaccionar, la jovencita del delantal me preguntó protocolarmente si seguiría consumiendo algo.